En el desierto que no es desierto

Por:        Adriana Villa
Fecha:    2014/04/24

El Desierto de la Tatacoa abarca 330 kilómetros cuadrados de "desierto rojo" y "desierto gris", cubiertos por una bóveda celeste que se puede observar desde un punto privilegiado, a solo 3 grados del ecuador. Un destino único en Colombia, ubicado a aproximadamente 40km de la capital del Huila.



Historia del Viaje     

Ya estando cerca a Villavieja, el pueblo que da entrada a este desierto que más que desierto es un bosque tropical seco semiárido, el paisaje me recordaba un poco a Valledupar, un poco a la Guajira. Será porque la primera que me recibió desde la distancia fue una cadena montañosa color azul cielo, que me hizo pensar que en adelante para mí el color podrá llamarse azul montaña lejana. El segundo en dar la bienvenida fue el particular olor del verde, y eso que estaba cerca al “desierto”.

En el colectivo que me llevó de la terminal de Neiva a Villavieja traía como acompañantes al alpiste, los huevos y el perejil, bienes con seguridad muy valiosos para la gente de esta región que -como suele suceder en Colombia- parece salida de otro planeta. Y no es que no termine de convencerme de que -hablando en términos muy generales- “diversidad” es quizás la palabra que mejor describe el paisaje colombiano, sino que es sencillamente imposible dejar de sorprenderse.


En el desierto me saludaron unas gotas de lluvia y vea, yo que pensaba que allá prácticamente nunca llovía, pero luego recordé que es esa misma lluvia quien con el paso del tiempo va dando esa particular forma a los estoraques, que se van formando por la erosión, y entonces le sonreí de regreso. Curiosamente volvió cada día a repetir el saludo, y entonces estando ahí le agradecí que le bajara revoluciones al sol.


Uno conoce Cuzco como aquella ciudad peruana que es destino casi obligado cuando se emprende viaje al sur, pero no sabía yo que teníamos un Cuzco en la mitad del Huila. Pasando por el bosque de cactus Bosque del Cardón se llega al observatorio, y ahí unos metros más adelante están las entradas a los Laberintos de Cuzco. Verlos desde arriba te hace desear no espabilar, pero estar en medio de ellos… eso es indescriptible. No se cree tal inmensidad, no se entiende ese contraste entre una tierra que parece tan frágil y quebradiza y ese imponente tamaño de las estructuras que forma, no se comprende que la tierra pueda crear y el ojo pueda ver tal variedad de colores, todos dentro de una misma gama ocre y rojiza, distribuidos de una forma tan especial que hace pensar que un artista urbano - si me permiten llamarlo así- se vino a dar pinceladas en las paredes teniendo como única guía el horizonte.

 

Alejándose unos kilómetros más del observatorio los tonos rojos empiezan a volverse grises, y es así como se llega al sector Ventanas y más allá a Los Hoyos. Ventanas, haciendo alusión a su nombre, es un excelente mirador pero, al igual que en los laberintos, lo que ves estando arriba no se compara con lo que ves estando en medio. Ni “el cocodrilo” ni “las botas” se ven iguales. El cauce de lo que fue río va mostrando el camino que nos aleja de la vía principal y nos acerca al silencio y la paz de verse rodeado de solo naturaleza. Un giro de 360 grados sobre el propio eje es más que suficiente para redescubrir la pequeñez del ser humano en medio de todo lo creado. Y como si la vista no bastara para captarlo, te lo dice el viento hablando al tacto, te lo dicen las piedras que se oyen rodar con los pasos, y al abrir nuevamente los ojos te lo dicen los cactus, que conocen mejor la historia de este lugar, y florecen con una florecilla magenta en medio de una pelusa de algodón, o con un pequeño fruto que parece cereza.




Cuando crees que lo has visto todo o cuando aceptas que no podrás hacerlo, vuelves a la vía principal y kilómetros más adelante nuevas tonalidades vuelven a sorprender. La hierba color amarillo que contrasta con el azul montaña lejana le abrió paso al desierto gris, allí en el sector de los Hoyos donde el Valle de los Fantasmas fue quizás el recorrido más espeluznante, y no precisamente por lo fantasmagórico. Fantasmas parecían las siluetas de la arena compacta casi tan firme como roca, fantasmas parecía que habían llegado no sé cuántos años atrás a poner piedrecillas ordenadamente una detrás de la otra haciendo que de lejos parecieran filas de hormigas laboriosas de esas que saben perfectamente hacia dónde van. Una piscina de agua natural, que según dicen tiene propiedades medicinales, nos confirma que no estamos propiamente en el desierto, pero también que en momentos como ese no son precisamente los conceptos lo que más vale. Lo confirmó también el atardecer que dio caída a la tarde, uno que es mejor no contaminar con palabras.



Finalmente las nubes dejaron la envidia y me despejaron el paso hasta el observatorio, considerado uno de los mejores del país por estar a solo 3 grados del ecuador, lo que quiere decir que podemos ver los hemisferios norte y sur de la bóveda celeste casi completicos. Sin lugar a dudas la mejor clase de astronomía, mirando al cielo y escuchando al profe que sabe lo que dice y sabe también hacerte admirar lo alcanzable y lo inalcanzable para el ser humano; el mismo profe que me hizo recordar, mirando las estrellas, lo increíbles que son las matemáticas. Júpiter y sus lunas, y la otra luna, la nuestra, todos a través del telescopio, dieron un cierre casi perfecto a la noche, que se volvió perfecta con el vino de cactus que se consigue allá, entre otros productos, bajo la marca Conservas del Desierto.



Valió la pena el recorrido a pié para volver a Villavieja, bajo un sol que dicen calentó ese día hasta 44 grados, porque cada paso de los aproximadamente 6 kilómetros fue la oportunidad de contemplar el paisaje, sentir la brisa y compartir historias con esas personas que solo te encuentras en estos caminos. Ya en el pueblo, el Museo Paleontológico y el Museo Artesanal Casa del Totumo le pusieron la cerecita al postre, junto con la colonial Capilla de Santa Bárbara. Lugares pequeños y sencillos, pero que encierran años de arte, historia, trabajo y tradición.

Y como no hay viaje sin imprevistos, el Viernes Santo me trajo la noticia de que los transportadores habían decidido no trabajar. Gracias a Dios volví a confirmar que los mejores momentos llegan sin buscarlos siempre que se está dispuesto a renunciar a “comodidades”. Después de unos cuantos intentos el carro para, me hace señas desde lejos y aquella familia me abre cupo entre sus dos pequeños que en su aprendizaje de idiomas hablaban de los colores rosado y green. Abrir la ventana para pedirle al viento que le dé mi adiós a la montaña lejana, a la tierra ocre y al verde esporádico. Cerrar los ojos y decirlo con el corazón, deseando que sea un hasta pronto. Ésta es mi Colombia.


Recomendaciones Generales

Si se está movilizando el carro, moto o mototaxi, bájese un rato y haga algunos recorridos a pie. No se contente con ver los paisajes desde los miradores, baje por las cuencas y senderos alejándose un poco de la vía principal (por los caminos ya establecidos para no perderse). Si va a la piscina de los Hoyos puede llegar por las escaleritas, pero se recomienda llegar haciendo el recorrido por el Valle de los Fantasmas, sin duda vale la pena.

Gastos de Viaje   

Algunos costos de referencia:

  • Transporte Neiva- Villavieja: 6 mil

  • Transporte Villavieja- Observatorio: 10 mil

  • Plato fuerte con bebida: 10-12 mil (desde 7 mil si se pide opción sin carne)

  • Litro de agua: 3 mil

  • Bebidas (jugos, gasosas): 2 mil

  • Noche en Hamaca: 10 mil

  • Noche en carpa: 15 - 20 mil

  • Zona de camping (sin alquiler de carpa): 5 - 7 mil

  • Botella de vino de cactus: 16 mil

  • Dulces de cactus: 6 - 8 mil

  • Observatorio (charla con el profe y observación con telescopios): 10 mil

  • Noche en Villavieja (acomodación sencilla con baño privado): 20 mil

  • Entrada a museos en Villavieja: 2 mil cada uno


Qué Llevar     

Suficiente hidratación (o dinero para comparala), buena protección contra el sol, zapatos de suela gruesa. 


Sobre el Transporte   

Desde la terminal de Neiva salen colectivos a Villavieja con un costo de 6 mil por persona. Ya en el pueblo hay servicios de moto o mototaxi que cobran aproximadamente 10 mil hasta el observatorio. Al interior del desierto, se puede contratar transporte motorizado o caballos para hacer los recorridos. También se pueden hacer a pié, el más largo es del observatorio a los Hoyos, 10 km aproximadamente (solo ida) o 15 km en total si se hace desde el pueblo. Otra excelente opción es llevar la propia bici :) También se puede llevar cualquier otro tipo de vehículo particular. En Villavieja alquilan cuatrimotos. Todo el desierto es atravesado por una vía principal, no hay pierde.



Sobre el Alojamiento   

En el desierto todas las opciones son similares. Dan opción de hamacas, camping o habitaciones. Baños compartidos y alimentación. Yo me quedé en una posada llamada “La tranquilidad del desierto”, recomendada por el silencio en las noches.



Sobre la Alimentación  

¡Qué no falte el cabrito y el arroz con pepitoria!


Fotografías        

Para celulares, haz clic aquí